Skip directly to content

Ley de Say

on Wed, 2014-04-09 15:17
Imagen: 

Como en su momento dijo Steve Jobs: “nadie sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”. Se refería a productos innovadores. Pero pensemos en algo: todos los productos fueron innovadores en algún momento, aunque sea para el extranjero (a una tribu o clan) que lo vio por primera vez o con nuevas características (nuevo, en suma). El trueque fue la primera forma de comercio y debemos partir de ahí.

Por ende todo luego del primer par de trocadores, fue nueva oferta. ¿De dónde salió su poder de compra? Al vender podemos comprar y las compras permiten a otros vender. Digamos que originalmente trocaban los sujetos A y B los productos X y Y respectivamente. Cuando C introduce su producto Z, ¿cómo sabe que puede adquirir los productos de A y B?
La respuesta es simple: no sabe.

Asumamos que A y B tienen veinte unidades de bienes X y Y cada uno, producidas cada mes. C aparece con veinte propias de Z. ¿Qué pasa entonces con los precios de X y Y? ¿Y cómo adquiere precio Z?

La respuesta es que la sociedad se hizo más rica en producción total calculada en moneda.
¿En qué moneda? En términos de los otros bienes. El dinero no aparece en la Historia por decreto y la aparición del dinero es a la vez la aparición de su poder adquisitivo.

El dinero nos demostró Carl Menger, es a) el bien más líquido de una economía y b) surge como uso secundario de un bien valorado en sí mismo (es decir, para otros usos) previamente a ser dinero.

Por ende el llamado poder de compra de un bien estuvo previamente ahí antes de que sea dinero. Pero adquiere poder adquisitivo propio como bien-dinero. El dinero es en su origen un rol adicional que adquiere algún bien preexistente. Su poder adquisitivo aparece en la medida en que otro bien (su otro uso o costo de oportunidad marginal) va saliendo del mercado en la transición a dinero. El rol de dinero es ser bien intermedio que permite a la vez lidiar con la incertidumbre inherente a la realidad. Sirve para intercambiar entre bienes y entre tiempos.

Vale decir que el trueque nunca se ha ido: está en la base de toda transacción de re-trueque. Vendemos nuestro tiempo y trabajo o bienes a cambio de dinero (trueque parcial) para comprar luego (re-trueque) otros bienes. El comercio es un acto de trueques repetidos.

¿De dónde proviene la demanda entonces?

Como dijo John Stuart Mill en la cuarta de sus cuatro proposiciones sobre el capital, “demand for commodities is not demand for labour“. Es decir que el consumo no genera empleos. Los empleos vienen de actos conscientes de inversión, reinversión o desinversión demandando servicios humanos (“empleo”) frente a un clima determinado para ellos.

Quien demanda empleos (u oferta plazas de trabajo asalariado) no es el consumidor sino el capitalista/accionista/inversionista. Al consumidor le da lo mismo si el bien fue creado por decreto divino, hallado en una cueva o fabricado por decenas de miles de trabajadores humanos. Y son los actos de oferta los que entregan poder adquisitivo a los trabajadores de una empresa o proyecto o actividad de autoempleo respectivamente en el resto de industrias y comercios mediante sus ventas exitosas. Y es la venta el acto creador de poder adquisitivo. Al vender lo propio uno obtiene el dinero (¡o directamente el bien final deseado!) para adquirir otros bienes.

Decir que las necesidades son infinitas es un paso inmenso frente al pensamiento puritano que considera a las necesidades como las biológicas de cualquier primate. Pero incluso otros primates tienen culturas, herramientas y hasta modas. Decir que las necesidades son infinitas ya reconoce que el ser humano no puede reducirse a sus funciones más básicas y que necesitamos artes, ideas, confort, lujo, etcétera. Pero esto hace sonar al ser humano como un glotón vital, como un codicioso insaciable. Lo hace sonar como buscador de excesos y consumo sin fin. No se trata de eso. Las necesidades deben ser mejor descritas como infinito-desconocidas*. Es decir que no sabemos tanto en calidad como en contenidos, lo que queremos, hasta que alguien nos lo enseña.

 El iPhone y el cubo Rubik son los dos bienes más vendidos de todos los tiempos pero absolutamente nadie sabía que quería uno hasta que lo vio en manos de otros que le sacaron provecho y entretenimiento. A eso se refería Steve Jobs: nadie sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas. Por ende, la demanda potencial de bienes es infinita. Eso no significa que todos queremos todo a la vez (eso no sería infinita sino delirante) sino que no sabemos qué tanto mejor o más podemos querer a futuro**.

Son las propuestas de nuevos productos, y todo fue un nuevo producto por algún inicial instante, las que agregan riqueza (no sólo bienes sino ventas y con las ventas poder de compra adicional sin mermar a nadie). La suma de los productos X, Y y Z utilizados en el ejemplo de arriba, son sesenta bienes. Pero el poder de compra, al tratarse de trueque, también es de sesenta bienes totales. Cuando aparece dinero (digamos que un bien D que también puede utilizarse para joyería), se refleja en él (como unidad contable) el valor comercial (precio obtenible) de los otros bienes. Si a X, Y y Z le sumamos I (de iPhone), la riqueza total de nuestra sociedad del ejemplo pasa de sesenta a ochenta bienes, y eso se reflejará inmediatamente en el valor de cada unidad de D. Si antes tomaba 10D el comprar una unidad de X, hoy cada unidad de D habrá ganado 25% de poder adquisitivo y por ende con 7,5D será suficiente. Sin que aumente la cantidad de dinero, el poder adquisitivo aumentó en la misma cantidad en que los bienes sean aceptados.

Sin ventas no hay capacidad de compra (incluyendo ese histórico primer flujo de trueque en cada zona del mundo en su momento) al igual que en el comercio exterior porque en realidad todo comercio es exterior a la unidad territorial más pequeña: el entorno familiar. El límite de nuestras compras está en la cantidad de bienes líquidos (fáciles de vender, más mercadeables) o liquidables en nuestro territorio. Exportamos para poder importar.

Esto no significa que no haya productos saliendo del mercado todo el tiempo o que las preferencias sean estáticas. De hecho la aparición del iPhone reemplazó la venta de cámaras de fotos, aparatos de GPS y otros bienes. Pero en la medida en que el reemplazo no fue total la oferta de iPhones aumentó la riqueza total pero además, y aquí está el meollo del asunto, los salarios, ganancias e interés obtenidos con su venta, sirven para comprar su equivalente en valor transable en otros bienes hoy o en el futuro. Esto es la Ley de Say de los mercados. La oferta, histórica y teóricamente crea la (capacidad de) demanda.

NOTAS:

*No sabemos lo que queremos y aunque en principio no tienen fin, no en todo ser humano ni en toda cultura ni mucho menos eso significa eso que somos glotones y codiciosos insaciables. De hecho el avance cultural en sociedad abierta parece ser uno de preferir lo refinado, de alta calidad y sosegado antes que el exceso, el kitsch y la vulgaridad del exceso.


**La minería cada vez puede ir dejando más en paz los ecosistemas y eso sumado a la eficiencia en el uso de materiales gracias a diseño industrial más pequeño y basado en bits y no átomos, así como el reciclaje, ayudará a resolver la actual y sin duda preocupante tensión

Post new comment