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Deuda y responsabilidad

on Tue, 2014-05-20 22:05
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La teoría del crédito y la responsabilidad fiscal en la economía pre-keynesiana

Antes del surgimiento del keynesianismo como parte de la corriente económica principal, había una teoría sobre el crédito en las finanzas públicas que surgió a partir del concepto de ahorro. Los economistas clásicos normalmente aceptaban la frugalidad como valor cardinal y norma en el diseño de los presupuestos públicos. Dentro de este concepto pre-keynesiano de presupuesto la balanza contable debería tratarse de forma similar tanto en el sector público como en el privado, equiparando al Estado como si se tratara de una familia.

La Riqueza de las Naciones de Adam Smith fue testigo de tal tratamiento de la práctica fiscal, donde las deudas del Estado son equiparables a la de los individuos o empresas comerciales. Esta es la razón de que podamos considerar a la subsecuente teoría keynesiana del crédito como una "revolución" respecto a la idea contable clásica.

En la teoría clásica presupuestaria se daban al menos tres formas en las que el Estado podía obtener fondos:

1.       Mediante los impuestos.

2.       A través de la venta de deuda pública (crédito)

3.        Expandiendo la masa monetaria.

Me centraré en las dos primeras. La diferencia entre la venta de deuda pública y el cobro de impuestos introduce una diferencia en el tiempo, los impuestos dependen de los saldos de caja presentes o ahorro previo mientras que el crédito pospone el pago de la deuda. Esta diferencia establecida por el tiempo introduce además una diferencia en cuanto a la carga de la deuda: un sistema de endeudamiento permite enriquecer a los contribuyentes en el tiempo de la obra fiscal difiriendo las cargas a futuros contribuyentes, tal y como lo expresara Adam Smith.

Tras la teoría clásica, más de cien años después de la publicación de la Riqueza de las Naciones, Knut Wicksell propuso una solución a favor un endeudamiento responsable. Para Wicksell, a los individuos miembros de una comunidad política se les debe presentar la cuenta de la obra fiscal propuesta con la proporción de gastos que deberá hacerse cargo (a manera de impuestos) cada miembro de tal comunidad política. De forma que serán más críticos a la hora de evaluar la pertinencia de realizar un obra pública.

En el marco de la economía keynesiana, las diferencias de tiempo de la deuda no son conscientes o se presentan de forma borrosa. La teoría keynesiana sobre el crédito para la obra fiscal se centra en la utilidad del déficit público y mantiene que los ingresos que proporcionarán los programas de gasto desvanecen de alguna manera los pagos futuros de la deuda. En palabras de James Buchanan esta teoría sobre el crédito en realidad no convenció a los economistas de la época, puesto que siempre se mantuvo la desconfianza de su viabilidad contable, y sólo se hizo relevante en la medida que facilitaba el diseño de presupuestos del Estado. Para este autor, la teoría keynesiana sobre el crédito se centraba en los efectos del gasto público y el déficit (aumento de los ingresos y del empleo) considerándolos socialmente beneficiosos y no constituía una objeción de peso real frente a la teoría clásica sobre el crédito debido a que la teoría keynesiana en realidad no negaría que su aplicación genere agujeros presupuestarios. Para Buchanan el surgimiento de la "Revolución Keynesiana" tuvo su origen en el entusiasmo instrumental más que en un cambio de paradigma analítico.

Harry G. Johnson ha profundizado en la idea de origen clásico de que un incremento constante de los déficits presupuestarios no son neutrales -tal y como Murray Rothbard afirmó sobre los impuestos [1]-en el sentido de que “redistribuyen la riqueza” a través de beneficios a segmentos privilegiados de la población que toman la riqueza de otros segmentos de la población. Así también explica que este fenómeno se vuelve sistemático porque si el vínculo entre el gasto/obra fiscal y la deuda/carga fiscal se rompe (o más bien se difiere en el tiempo y se redistribuye su peso) la resistencia de los contribuyentes frente a los programas de gasto se reduce pues pierden noción de su costo y así las transferencias intra-grupales de ingresos se multiplican.

Resumiendo,  el abandono de la teoría clásica de la deuda -que planteaba los presupuestos fiscales de forma similar a como se realiza un presupuesto familiar razonable- puede ser funcional a la clase política, puede ser agradable para los ciudadanos en tanto usuarios, pero no desaparece la realidad que las deudas un día habrán de ser pagadas por ciudadanos en tanto contribuyentes.

Nota

[1] El Mito de los Impuestos Neutros. M. N. Rothbard. 1981


Bibliografía

La Democracia en Déficit: El Legado Político de Lord Keynes. James M. Buchanan y Richard E. Wagner. 1977

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